lunes, 11 de agosto de 2008

un pequeño mundo verde

Matucana, ubicada en el km 74 de la carretera central, es el lugar ideal para todo aquel que quiere liberarse del estrés y el bullicio de la capital e ir a sumergirse por unos días en un pequeño mundo de color verdoso y de aire puro. Hace dos meses surgió la oportunidad de ir a dar una vuelta por allí y sin pensarlo dos veces decidimos emprender la aventura.

Llegar al pueblo, caracterizado principalmente por la calidez de sus calles y la desbordante alegría de sus pobladores, fue el comienzo de la travesía. Poco después nos dimos cuenta que no todo era color de rosa, la altura nos estaba afectando e iba a impedir que algunos pudiesen disfrutar por completo del viaje. Una compañera tuvo que quedarse a medio camino y regresar al hostal, mientras los demás continuábamos con el trayecto hacia las cataratas de Antakallo, una de las principales atracciones turísticas de Matucana.

Cuando sientes que las fuerzas te faltan y que ya no puedes seguir, se presenta allí como un regalo de la naturaleza, tan preciso y oportuno. Se trata de un pequeño manantial llamado el Calabazal que abastece a todos los visitantes de una agua pura y cristalina, que alimenta los ánimos para continuar con el camino.

Finalmente llegamos. Aproximadamente luego de tres horas de camino cuesta arriba, atravesando un río, un puente y dando la vuelta a varias montañas peculiares, además del bosque de rocas y la cabeza de león, dos más de los atractivos del lugar, por fin estábamos allí. Ellas majestuosas e imponentes, deslumbraban con el sonido de sus caídas a todo aquel que había llegado hasta ahí para conocerla. La magia y el encanto, pues según la leyenda la pareja que se baña junta, sosteniendo la mano de su ser amado, tendrán eterna felicidad en la vida terrenal, la cual será más efectiva si tienes la suerte de que cuando esto suceda, aparezca un arco iris en medio del agua.

Cansados pero satisfechos, regresamos al centro del pueblo, hicimos un recorrido por todos los rincones del lugar. La plaza de Armas, donde correteaban algunos niños detrás de una pelota, llena de gente que tarde a tarde se concentra allí, para recibir, o en nuestro caso para despedir, con una contagiante sonrisa a los numerosos visitantes que tuvieron la oportunidad de conocerlos.

1 comentario:

MARLON AQUINO RAMÍREZ dijo...

Una narración muy interesante, ya me dieron ganas de conocer.